Según una creencia japonesa,
las personas cuyas vidas están
destinadas a encontrarse están unidas por un hilo rojo atado a su meñique. Este
hilo invisible permanece atado a estas
personas a pesar del tiempo, el lugar y las circunstancias. El hilo puede
tensarse o enredarse, pero nunca podrá romperse.
Esta leyenda parte del hecho de
que la arteria ulnar conecta el corazón con el dedo meñique. Los hilos rojos
del destino unen los meñiques con los corazones, simbolizando el interés
compartido y la unión de los sentimientos.
Dice la leyenda que un anciano
que habita la luna, aprovecha la oscuridad de
la noche para buscar entre las almas de la Tierra todas aquellas que están
destinadas a encontrarse, conocerse y unirse. Una vez identificadas, el anciano
las ata con el hilo rojo para que no puedan perderse hasta que se encuentren.
Las dos almas a los extremos del hilo estarán unidas de forma
que, desnudas emocionalmente, se entenderán y comprenderán como si hubieran
vivido juntas desde los inicios.
P.D: Solo espero no haber vuelto a perderme.
(Not mine)

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